Ante la interrogante sobre la forma en que funciona el mundo y de cuáles son los motivos que justifican el orden de las cosas, me parece trascendental señalar un elemento que está siempre presente y que incide directa o indirectamente en muchos de los acontecimientos y situaciones que muchas veces damos por sentadas en la sociedad. Este elemento es el poder, que como es claro, pertenece en la mayoría de los casos a un selecto grupo de personas, que tienen una incidencia real sobre el rumbo de un país o bien de la generalidad global.
Ahora bien, es necesario tener claro que el poder siempre va a estar depositado en algunos; y en el caso de que hubiere una vacante, no faltarán personas dispuestas a ocupar ese espacio. Por ende y a manera de opinión personal, me parece que el hecho de que exista un conjunto de personas que ejerzan el poder, no es per se un hecho negativo. Siempre alguno será el que mande, ya sea en una empresa, en un sindicato, en un país o incluso en un organismo internacional con fuerte incidencia en la realidad mundial. Así se puede constatar si se revisa la historia y también si observamos con detenimiento la realidad nacional o de algún otro país en este momento.
Claramente, es diferente (por ejemplo) una empresa privada a una nación democrática, siendo que en la primera su dueño tiene la libertad para tomar las decisiones de acuerdo a sus preferencias, mientras que en la segunda en teoría debe aspirarse a que las decisiones de quienes tienen ese poder de decisión sean en aras de conseguir el bien de la colectividad. Ahora, me parece que es un escenario común (tal vez debido a la naturaleza humana) que quienes ostentan el poder en una sociedad, no quieran perderlo (y muchos menos a manos de sus contrincantes). Y esto me parece algo entendible, dadas las posibilidades que este tipo de posiciones generan. De esta forma, resultan lógicos hechos como que los presidentes busquen reelegirse o que se destinen cantidades multimillonarias en campañas políticas, casi como si ganar fuera el fin último de quienes aspiran a puestos de elección popular. Este tipo de situaciones, no son exclusivas a alguna ideología o a determinados partidos políticos, si no que se presentan en la mayoría de agrupaciones sociales/políticas donde por ejemplo son fácilmente constatables pugnas por tener las riendas (o una cuota de poder).
Por esta precisa razón me parece que nunca los que critican están exentos de lo que critican, siendo más bien que en muchas ocasiones se presentan en grupos que se oponen al poder, los mismos (o peores) vicios que aquellos que señalan en la acera del frente. Es por esto que me parece que a la hora de ser crítico nunca debe perderse la perspectiva; y antes de señalar con el dedo resulta apropiado preguntarse: ¿cómo actuaría yo si estuviese en ese lugar o en esa posición? Con esta interrogante resuelta, se pueden criticar de manera más asertiva las cosas negativas de las que somos testigos.
Es un hecho que la mayoría de acciones de los individuos son movidas por intereses; cada persona va a velar por sus intereses y esto no es ningún pecado. Así, me parece razonable que quienes tienen el poder suficiente, busquen los mecanismos (algunos ilegítimos) para preservarlo. Entonces resulta coherente que elementos como la religión, el nacionalismo y otra serie de creencias colectivas sean explotadas para perpetuar mitos sociales que ayudan a consolidar el status quo.
Es aquí donde la responsabilidad se traslada –en los asuntos públicos- a cada ciudadano. Es importante que cada uno entienda su papel como ciudadano miembro de una democracia, para cuestionarse de forma razonada aquellas cosas que vale la pena cuestionarse y tomar decisiones con un conocimiento suficiente. Me parece que es un grave error caer en el fanatismo y en el criticar sólo por criticar, o afirmar que todo lo que hace alguien está mal. Cada quien está en su derecho de preferir el color blanco, el negro, o el rojo, y no tiene la obligación de explicarle a nadie el porqué de sus preferencias. Pero si me parece que lo ideal es saber que si prefiero el blanco (o el negro, o el rojo) entonces es porque sé cómo funciona y estoy de acuerdo con eso. De esta forma, las personas van a escoger a sus líderes con un conocimiento real de las situaciones, y no sólo como un producto del sistema.
Como conclusión, es claro que vivimos en un sistema (económico, social, religioso, etc.). Sin embargo, a diferencia de lo que algunos señalan, todos nuestros males no son culpa del sistema. Hay muchas cosas negativas que pueden cambiarse si cada uno se esfuerza por entender el porqué de las cosas y actúa conforme a sus principios y creencias. De esta forma, estructuras sociales como la religión (que desde mi perspectiva no son malas) van a seguir existiendo, pero no van a poder ser utilizadas para engañar a las personas y automatizar el pensamiento colectivo, que es lo que en definitiva es perjudicial. Al final de cuentas, si cada ciudadano elige conscientemente, entonces tendremos decisiones más democráticas, sin perjuicio de que podamos estar de acuerdo –o no- con estas decisiones.
Bien, el jueves delimitamos el tema
ResponderEliminar